martes, 4 de octubre de 2011

El tiempo pasa

Triste es darse cuenta que el tiempo pasa y no en vano. En realidad el tema de las arrugas y las canas no me preocupa en lo absoluto. De hecho creo que ambas se pueden llevar con bastante dignidad, así que no tengo problema, yo siempre digna hasta el final.

Pero hay otras cosas que no puedo mirar con tanto optimismo.

Porque no tienen nada de dignos los 50 estornudos por minuto, los ojos enrojecidos y la nariz ídem, producto de las alergias primaverales que, inmisericordemente, me han atacado este año. Y el tema es que cada año es peor. 

Si hago un breve recuento de mi historia alérgena (esa palabra siempre me ha sonado como mal acentuada, pero para qué discutir con la RAE, cierto?) podría decir que tuve una infancia bastante feliz, sin alergias ni asma ni nada de esas cosas que te permitían eximirte de hacer gimnasia por un par de meses al año.

Estuve con muchos gatos, me picaron abejas en innumerables oportunidades, dormí largas siestas directamente sobre el pasto o sobre cualquier alfombra lo suficientemente limpia, me metí a habitaciones llenas de polvo y jamás, JAMÁS tuve alergias. 
Como a los 25, pololo-futuro-marido llegó con un gato de regalo a nuestro hogar. Al comienzo tuvimos una relación distante (con el gato) pero a los días me encariñé con la bestia (nuevamente, estoy hablando del gato). Pero no pasó ni una semana, y el cuerpo reclamó efusivamente y me pasé dos días estornudando ininterrumpidamente, con los ojos hinchados, y sin poder levantarme de la cama. Tuvimos que despedir al gato, que había pasado de Marx a Marxela por nuestra total ignorancia de la anatomía felina, y desde entonces, nada fue como antes. Año tras año, los síntomas (y agentes alérgenos) aumentan. Este año le lleva tos, estornudos, leve deficiencia
respiratoria y afonía. Sumémosleque estos síntomas se repiten con gatos y con polvo. Y que la última vez que me picó una abeja terminé con el brazo del porte de una sandía morada, y en la clínica. 


Sin contar que a los casi 35 años, bajar los kilos de más es infinitamente más difícil que a los 25, la edad ha cobrado otra pequeña víctima: la visión. Yo que hasta los 25 años me jactaba de reconocer el número de recorrido de una micro amarilla a 4 cuadras de distancia, ahora tengo que usar lentes para miopía y astigmatismo. Y sin lentes como que no funciono. O sea, si funciono pero no muy eficientemente. Pero como aún es poco, no califico para operación. Ah, porque yo no le tengo ningún asco al quirófano, pero tampoco se trata de andar botando la plata, pueh. Así que el juego se llama "aguántese no más".

Pucha, el post quejoso.
Pero es que la maldita primavera me tiene así....

lunes, 20 de junio de 2011

Crimen y castigo


Me demoré como dos meses en leerlo.
No hay derecho.


El clásico que me propuse leer este año fue Crimen y Castigo, de don Fiodor Dostoievski. Y si la edición que leí tenía 550 páginas, durante las primeras 500 no hubo caso Recién en las últimas 50 páginas el libro me agarró y lo leí con agrado. Antes, fue como leerse un libre para el colegio y estuve a punto de abandonarlo como 10 veces, mientras miraba la ruma de libros que tengo en mi velador listos para ser leídos. Pero no, fui disciplinada y continué.

Finalmente no me arrepentí, el libro es increíble, pero tengo mis comentarios.


De partida, NADIE puede referirse a un personaje de tres maneras distintas sin avisar antes. Porque si eso además se multiplica por todos los personajes de un libro, tenemos un estadio lleno de gente, cuando en realidad son como 20 pelagatos. Entonces tenemos al protagonista, a quien de cariño le dicen Rodia. Pero el escritor se refiere a él como Raskolnikov, y el personaje se presenta a si mismo como Rodion Romanovic. Si al menos el señor Dostoievski tuviera la delicadeza de partir el libro diciendo que el protagonista se llama Rodion Romanovic Raskolnikov, de cariño Rodia, todo sería taaaaaan más agradable. Y lo mismo pasa con la hermana, que además no es ná' de apellido Romanovic, es Romanovna, porque así son los rusos. Complicados.


Cuando finalmente me di cuenta que el protagonista es uno y no tres, pasamos al tema de los susceptibles y volubles que pueden llegar a ser los rusos. Bueno, puede que en la realidad los rusos no sean así. Además no los conozco a todos. Pero los personajes de este libro son todos sensibles, susceptibles, y volubles. Y no sé si será culpa de la traducción o que al traductor/editor se le quedaron pegados los signos de exclamación en la máquina de escribir, pero da la impresión que hasta para pedir silencio los tipos gritan.


Para rematar, (aquí señor lector, si usté no ha leído el libro y le interesa hacerlo, deténgase y no siga leyendo, no quisiera arruinarle la sorpresa final) termina con un especie de "continuará" o "si quiere saber REALMENTE como termina esta historia, espérese aquí sentado porque aquí no lo va a encontrar", y uno queda con cara de cumpleaños, después de 550 páginas, miles de signos de exclamación, muchos desmayos, vahídos, llantos, cara de tragedia, rostros desfigurados, ataques de histeria, y muchos, muchos nombres.

En fin.

En resumen, el libro es muy bueno. Y eso no es novedad, Crimen y Castigo es una de las obras clásicas de la literatura rusa. Pero que costó, costó.

Ahora, a leer algo bien liviano, que me guste desde la página uno.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Chupamedias

Tengo un chupamedias en mi oficina.

Además, directo subordinado mío. O sea, chupa MIS medias.

Y aunque al comienzo una, en su ingenuidad, le cree las frases del tipo "ha sido muy iluminador trabajar contigo " (¡qué es esa huevada? Iluminador? Que ahora soy la estatua de la libertad acaso?) ya no le creo ni lo que reza. Porque básicamente es para desviar la atención antes su cada vez más evidente falta de competencia.

Y claro, la paciencia de una se va acabando, así que las respuestas de cortesía ante sus fracesitas chupamedias se acabaron. Al grano, por favor.

Pero la conducta chupamedias del individuo en cuestión no se limita a las frases elocuentes, empalagosas y pateras. Noooo, pues, además es un tema de actitud.
Entonces, repasemos alguna de las conductas empelotante:

- que te dé vuelta las hojas de una carpeta para buscar un pie de firma y luego, para rematar, indicar con el dedo donde aparece mi nombre para que yo firme. Eso lo hago yo, gracias, tengo manos y la destreza suficiente para pasar páginas. Además sé leer, fíjese. Es más, eso implica que usté está demasiado cerca mío. Mal y empeorando.
- que te complete las frases. Como tratando de demostrar que nuestros pensamientos están alineados (como el Gato con Botas y Shrek) así que es capaz de saber cómo voy a terminar una frase. No, eso no se hace. Al comienzo va y pasa. Ahora, a la menor interrupción, le lanzo a quemarropa "¿ a ver, me puedes dejar terminar la frase?"
- Que me llene la corchetera de corchetes. Ya, es una tontera, pero salvo que yo le pida que lo haga, es MI corchetera, con MIS corchetes y YO me encargo. Gracias. Ahora retírese.

Pero como este chupamedias es un tipo completo, porque además anda con los niveles de autocrítica bien bajos. Entonces después de cada embarrada, error garrafal, falta de ortografía/redacción, y otros miles de etcéteras, y de mi enojada corrección (porque si hubiera querido ser profesora de castellano, hubiese estudiado pedagofía pues) el tipo me mira con cara de "pff, eso se arregla altiro", pero al segundo comete EL MISMO error. Entonces el "altiro" se convierte en tres o cuatro "altiros". Un agrado, como verán.

Así no más con el personaje. Hasta que se me acabe la paciencia y lo mande a freir monos a la China.



miércoles, 15 de diciembre de 2010

Fila preferencial

Uno de los grandes beneficios de estar en estado embarazoso es poder usar las filas preferenciales del super, del banco y el estacionamiento adhoc de los malls, sobre todo en época navideña.
El único problema es cuando la fila preferencial no distingue entre "embarazadas" y "tercera edad". En ese caso, la tercera edad se empodera, y adopta una posición casi violenta, mirando con odio a todo aquel que quiera utilizar la fila, tasando la magnitud del embarazo para ver si es comparable con la cantidad de años que lleva a cuestas.
El punto es que el embarazo es un estado esencialmente transitorio, así que las futuras madres tenemos que acostumbrarnos a usar esos beneficios durante un brevísimo lapso de tiempo.Y luego desacostumbrarnos. La tercera edad no. Llegan a esa edad, y de ahí, per secula seculorum podrán utilizar el beneficio famoso, así que tienen que defenderlo con uñas y dientes. Y la verdad es que más de una vez me han tirado el carro encima tratando de ganarme el quien vive, de una manera bastante alejada a la imagen de abuelita buena onda que uno mentalmente tiene.

El otro día fuimos al super con el legítimo. Luego de las compras de rigor, nos ubicamos campantes en la fila de embarazadas (7 meses y medio tenía entonces, el estado era evidente)
Entonces mientras esperábamos el turno, fui a ver unas poleras que estaban en un pasillo tras la caja, a 20 metros. En eso, aparece una señora con su carro y se instala tras el carro del marido. Hay que decirlo, con suerte tenía 60 años, pero los adelantos de la cosmética permiten ver a una octogenaria como cabra de 40 así que no me pronuncio respecto a si procedía que la señora estuviera ahi o no.
El asunto es que la mujer en cuestión encaró duramente al marido diciendo que era caja preferencial, etc. etc. El, muy pacientemente, la escuchó, hasta que yo me acerqué y él pausadamente le dice a la señora: Ah, mire, le presento a mi mujer.
La vieja inmediatamente reculó y se puso a despotricar contra la gente que usaba esas filas sin estar discapacitados o embarazados, que ya nadie respeta nada, que esto es un desorden, que el sistema, que bla bla bla. No dejó títere con cabeza. Todo esto a altos decibeles para ser oida por mi y todo el resto de la clientela. A esa alturas, marido había partido a otro lado y me habia dejado escuchando el discurso de la ciudadana. Y para terminar, como broche de oro, y con voz triunfal de "observa como pruebo mi teoría", me dice: mira, como ese tipo que está adelante tuyo, que llega y usa esta fila y yo lo veo de lo más sano.
A esas alturas la vieja ya me tenía las orejas inflamadas y la paciencia colmada. O sea, está bien una queja, pero tenerme 10 minutos con el discursito era un exceso.
Pero tuve mi dulce venganza cuando le respondí: se refiere al caballero ciego que está delante mío, con bastón de ciego y con un niño que lo está guiando? Porque él también es discapacitado. Así que mire bien antes de reclamar tanto...
Ante eso, la mujer se chupó entera y empezó a leer la etiqueta del tarro de duraznos que tenía en la mano.
El resto de la fila me lo agradeció.

viernes, 3 de diciembre de 2010

En el taller con el vehículo

Revisando un blog que usualmente leo, me acordé de mi última incursión en un taller mecánico. Fue hace un mes aproximadamente, en un fin de semana especialmente caótico y triste.

Resulta que el vehículo tuvo algún problema eléctrico, y no prendía el panel.
Considerando que prácticamente toda la información de la máquina estaba ahí, no era fácil andar paseandose por las calles de Santiago sin saber cuánta bencina quedaba o sin tener claridad si alguna de las lucecitas mariconas que dicen que prácticamente el motor está al borde de fundirse estaba prendida.
Todos esto considerando que estaba en mis últimos días previos al prenatal, con los pies hinchados como empanada de medio kilo y agotadísima.

En ese contexto, marido cae hospitalizado. Nada grave, pero varios días en la clínica. Entonces la madre (yo) figuraba sin auto, con ñiñita que acarrear al y desde el colegio, con panza y marido en nosocomio. I-deal, como diría Julita Astaburuaga.

El día lunes tomé el toro por las astas y el auto por el manubrio, y partí al taller. Llegué a primera hora y le dije al encargado que necesitaba dos cosas: a) que me arreglaran el auto ; o b) la dirección del basurero donde ir a botar la máquina. Si, un poco exagerada la petición, pero estaba en estado de precolapso.

El tipo muy atento me dice que están con mucho trabajo, así que al día siguiente me tendrían en presupuesto, Horror. Ninguna de mis caras de puchero sirvieron. El martes, antes imposible. Pero que me llamarían a primera hora para avisarme qué sucedía. Como no era la idea andar paseándome por Santiago buscando otro taller, lo dejé.

El martesa primera hora me planté a mirar el teléfono esperando la famosa llamada. A las 1o ya no aguanté y llamé yo. "Mire, lo estamos revisando ahora, la llamo en media hora". A las 11:30 volvi a llamar. "Estamos revisando el vehículo en estos momentos, deje ver con el encargado... a ver... espere, no me corte...(3 minutos despues), si, me dice que le devolvemos el llamado en 10 minutos. A la 12:30 ya estaba al borde de la deseperación, haciendo llamadas para que alguien se encargara de ir a buscar a la heredera al colegio, con el marido que posiblemente lo daban de alta, y un calor de mierda. Llamo y me atiende el mismo gil: "mire, ya encontramos el problema, así que estaría listo para.. a ver... mañana a mediodía". - "Que???? A ver, usted no me entiende- le dije (no, le grité)- yo le llevé el auto ayer, hoy he llamado tres veces porque USTEDES no me llamaron, estoy con 7 meses de embarazo, tengo a mi marido hospitalizado, y usted me dice que el auto lo va a tener para mañana???? Yo no puedo quedarme sin auto un día más, así que o me lo entrega ahora o me avisa altiro para ir a retirarlo en estos momentos y no volver a pisar el taller". Todo esto, con la voz casi quebrada, a punto de llanto. Al otro lado del teléfono, un silencio sepulcral. "Entonces?"- le dije- "que hago?". "Mire- respondió el tipo- voy a hablar con el encargado (porque chucha no me pasaron con el encargado desde un primer minuto, digo yo) y la llamo para que venga a retirar el auto". OK. A esas alturas, me veía peregrinando por Santiago con el auto a media máquina, llorando sobre el volante, y dando lástima, mucha lástima.
No pasaron 20 minutos y recibo el llamado esperado: "señora, está listo su auto". "Listo.... listo listo?". "Si, lo puede retirar en una media hora porque vamos a aprovechar de lavarlo."
Así que a las 15 hrs. tenía el auto en mi poder, arreglado, limpiecito y más encima me cobraron barato.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Chao Raúl

Hoy se fue Raúl. A las 7 y media de la mañana sonó el teléfono. Esas llamadas telefónicas o son de alguien en el extranjero, o son malas noticias. Y no era del extranjero. Era el hermano de Raúl diciéndole a mi papá que su mejor amigo se había muerto en el transcurso de la noche. A partir de ese momento, caos. Lágrimas. Miradas incrédulas. Pero si estaba bien, si mi papá habló ayer con él, si nos juntaríamos este sábado a almorzar para celebrar los cumpleaños. Si se estaba recuperando satisfactoriamente de sus últimas operaciones. Si era Raúl. Raúl no se podía ir.
Pero se fue.
Nos queríamos tanto. Me decía que yo era su regalona y él era una de mis personas favoritas. Mientras mi papá está destrozado por esta partida, yo aún no me la creo. Como que me hago la idea que está de viaje, que no lo veré en un tiempo. Pero que después volverá. Y me contará sus anécdotas, miles, de una manera en que solo él sabía contarlas. Y me reiré, nos reiremos con él, porque siempre nos reíamos con él. Y nos comeremos una paella.
Raúl me enseñó quienes eran Les Luthiers. A él recurrí en más de una oportunidad cuando tuve algún problema o cuando mi papá lo tuvo. Hasta el chiste más fome contado por él era un éxito. Y cuando hablábamos en serio, resultaba ser el tipo más culto y didáctico del mundo. Cuando iba para la casa, era como un evento. Oye, mañana viene Raúl a comer. Maravilloso. No pocas veces sus idas a comer implicaban también cocinar, entonces llegaba hasta con la olla paellera, su cuchillo, y hasta su delantal (talla XXXXL)
Mi relación con la muerte es más bien lejana. Pero Raúl era de las personas más cercanas que tenía. Tal vez por eso estoy como pasmada. Se me han llenado los ojos de lágrimas unas 50 veces en lo que va de esta mañana, pero aún no lloro. Y solo lamento no haber pasado más tiempo con él.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Casa

Estamos en proceso de compra de casa.

Junto con la llegada de un nuevo integrante a las fiestas para las fiestas de fin de año (justo entre Navidad y año nuevo....), tenemos que encontrar una casa que nos acoja a todos.


Llevamos meses buscando, y hemos visto cada cosa..... Es decir, un baño de uno por uno, con un lavamanos y un WC y una ducha teléfono sobre el estanque del baño NO ES UN BAÑO COMPLETO. Una pieza de dos metros por dos metros en el que si metes la cama no cierra la puerta NO ES UN DORMITORIO. Una casa que no han pintado en 50 años y que muestra las cicatrices de los últimos terremotos, con fugas de agua en todas las llaves y ventanas que sirven más abiertas que cerradas no está "en excelente estado". Un jardín de 20 metros cuadrados no es un amplio jardín. No, no y no.

En fin.

Un día nos pareció encontrar la casa adecuada. Bien mantenida, con alguna deficiencia en el gusto de los propietarios, pero en buen estado. Amplia y bien ubicada. Eureka. Entonces hicimos una oferta. Y la propietaria, una dulce señora que nos sirvió té con miel, dijo que si. Y empezamos a conversar los términos de la venta. Incluso le pasamos una reserva en ese momento.

Nos pidió un pie en la promesa. Mhmhm.. mire, eso no corresponde, pero podríamos conversarlo.

Y el pago definitivo? Bueno, lo clásico, se firma en Notaría, se deja el valevista en la Notaria, se inscribe y cuando el Conservador de Bienes Raíces dice: "es mía", usté va al Notaría y retira su pago. En caso del crédito hipotecario, a veces el banco se toma unos dias para emitir el documento , pero es lo que se hace siempre. Mhmhmhmh. Bueno, si se hace así....

Nos despedimos cordialmente, y quedamos en intercambiar borradores de contrato en los siguientes días.

Insistieron con el tema del pago al momento de la promesa y finalmente accedimos a darles un pequeño monto.

Y de repente de un día para otro, la dueña y la corredora piden reunión, y en la reunión, devuelven el cheque e informan que la operación no iba más, que no nos iba a vender la casa, porque eramos gente desconfiada. Y que ella no quería vender la casa a alguien en quien no confiara.

Aló? La conozco hace una semana, he hablado con usted una vez, vamos a hacer una transacción por varios millones de pesos, y resulta que debo confiar en usted inmediatamente??

Bueno, resulta que a ella nadie le enseñó como se hacen las cosas. Y la corredora cachaba menos aún. Y en opinión de la propietaria, esto que dejaramos la plata en Notaría era un acto de desconfianza por parte nuestras, así que "no nos merecíamos la casa".
Y su decisión era irrevocable. No, no y no.
Esto acompañado con cara de "estresada lánguida depresiva enferma"
. Mal.
¿Teorías?

- Que encontró otro comprador que le ofreció más plata.

- Que se arrepintió de vender la casa.
- Que quería hacer negocio a costa nuestra.

- Que es bipolar.


Aporte la suya.