viernes, 3 de diciembre de 2010

En el taller con el vehículo

Revisando un blog que usualmente leo, me acordé de mi última incursión en un taller mecánico. Fue hace un mes aproximadamente, en un fin de semana especialmente caótico y triste.

Resulta que el vehículo tuvo algún problema eléctrico, y no prendía el panel.
Considerando que prácticamente toda la información de la máquina estaba ahí, no era fácil andar paseandose por las calles de Santiago sin saber cuánta bencina quedaba o sin tener claridad si alguna de las lucecitas mariconas que dicen que prácticamente el motor está al borde de fundirse estaba prendida.
Todos esto considerando que estaba en mis últimos días previos al prenatal, con los pies hinchados como empanada de medio kilo y agotadísima.

En ese contexto, marido cae hospitalizado. Nada grave, pero varios días en la clínica. Entonces la madre (yo) figuraba sin auto, con ñiñita que acarrear al y desde el colegio, con panza y marido en nosocomio. I-deal, como diría Julita Astaburuaga.

El día lunes tomé el toro por las astas y el auto por el manubrio, y partí al taller. Llegué a primera hora y le dije al encargado que necesitaba dos cosas: a) que me arreglaran el auto ; o b) la dirección del basurero donde ir a botar la máquina. Si, un poco exagerada la petición, pero estaba en estado de precolapso.

El tipo muy atento me dice que están con mucho trabajo, así que al día siguiente me tendrían en presupuesto, Horror. Ninguna de mis caras de puchero sirvieron. El martes, antes imposible. Pero que me llamarían a primera hora para avisarme qué sucedía. Como no era la idea andar paseándome por Santiago buscando otro taller, lo dejé.

El martesa primera hora me planté a mirar el teléfono esperando la famosa llamada. A las 1o ya no aguanté y llamé yo. "Mire, lo estamos revisando ahora, la llamo en media hora". A las 11:30 volvi a llamar. "Estamos revisando el vehículo en estos momentos, deje ver con el encargado... a ver... espere, no me corte...(3 minutos despues), si, me dice que le devolvemos el llamado en 10 minutos. A la 12:30 ya estaba al borde de la deseperación, haciendo llamadas para que alguien se encargara de ir a buscar a la heredera al colegio, con el marido que posiblemente lo daban de alta, y un calor de mierda. Llamo y me atiende el mismo gil: "mire, ya encontramos el problema, así que estaría listo para.. a ver... mañana a mediodía". - "Que???? A ver, usted no me entiende- le dije (no, le grité)- yo le llevé el auto ayer, hoy he llamado tres veces porque USTEDES no me llamaron, estoy con 7 meses de embarazo, tengo a mi marido hospitalizado, y usted me dice que el auto lo va a tener para mañana???? Yo no puedo quedarme sin auto un día más, así que o me lo entrega ahora o me avisa altiro para ir a retirarlo en estos momentos y no volver a pisar el taller". Todo esto, con la voz casi quebrada, a punto de llanto. Al otro lado del teléfono, un silencio sepulcral. "Entonces?"- le dije- "que hago?". "Mire- respondió el tipo- voy a hablar con el encargado (porque chucha no me pasaron con el encargado desde un primer minuto, digo yo) y la llamo para que venga a retirar el auto". OK. A esas alturas, me veía peregrinando por Santiago con el auto a media máquina, llorando sobre el volante, y dando lástima, mucha lástima.
No pasaron 20 minutos y recibo el llamado esperado: "señora, está listo su auto". "Listo.... listo listo?". "Si, lo puede retirar en una media hora porque vamos a aprovechar de lavarlo."
Así que a las 15 hrs. tenía el auto en mi poder, arreglado, limpiecito y más encima me cobraron barato.

1 comentario:

Scarlet dijo...

ESO. ESO es lo que echo e menos de Chile: alegar de manera fluida, manipular y atacar donde más duele porque uno conoce la cultura (acaso usted no tiene una señora o una hermana embarazada? cómo le gustaría que la trataran?? me va a hacer llorar?? eso le enseñó su santa mandre??) y que los rechu&%$%& de su madre te entiendan y actúen acorde.
Felicitaciones.
POr lo qu ehe cachado, acá la técnica que funciona es el staring contest. Me dicen que no, y como no les puedo argumentar, me quedo ahí no más, y los miro, y no me muevo. Y me repiten y yo ahi me quedo, como quien oye llover. Y al final se ponen nerviosos de que una se vaya a quedar a vivir ahí en su oficina, no sé, pero actúan. Los reodio!!!