lunes, 14 de octubre de 2019

Las hijas del capitán - María Dueñas

Teniendo como referencia "El tiempo entre costuras", libro que no leí, (pero me gustó mucho la serie), decidí tomar este libro como lectura de vacaciones. Y la decisión fue bastante acertada. 
No hay taaanta profundidad en los personajes, pero pasearse por el Nueva York de hace varias décadas, habiendo estado allá hace relativamente poco, es entretenido. En realidad creo que siempre disfruto más un libro si sucede en una ciudad que conozco. 

Como sea, sus 600 páginas pasan volando, un buen libro para leer en la playa. 

Cambio de giro

Como la memoria es cada vez más traicionera, aparte de hacer la lista de libros que leo cada año (y que están en la columna del lado desde el año 2010), empezaré a hacer un pequeño relato respecto de cada uno.
No se trata de hacer un resumen o una crítica, para eso hay gente mucho más especializada que yo. O al menos con más conocimiento. O que creen tenerlo. En fin.
Pero lo que si me interesa es dejar plasmado al menos dos cosas: 
1.- Cómo llegó ese libro a mis manos. Soy de esas personas a las cuales le encanta leer libros recomendados. Ando con una libretita anotando las recomendaciones o sacando fotos a las portadas de los libros que otros leen. Y es así como se me junta una cantidad de libros absurda, que gracias a la llegada de Kindle no ocupa espacio en los sobrepoblados libreros de mi casa.
2.- Mi impresión del libro. Algo totalmente personal, quiero acordarme siempre si ese libro me gustó o no. Si leerlo fue un martirio o fluyo entre mis manos; si pensé en abandonarlo a poco andar, o si viví un luto cuando lo terminé.

Así que acá vamos. Y para aprovechar que aún lo recuerdo, haré mi breve reseña de los libros que he leído recientemente.

Suerte.

martes, 16 de octubre de 2012

...es que yo soy operá...

Hace 145 días me operé de una gastrectomía en manga. Es decir me sacaron prácticamente el 90% del estómago, para de esa manera bajar los muchísimos kilos de más.
No alcancé a tener higado graso, ni diabetes, solo una leve hipertensión. Pero eso me bastó para tomar medidas. Quiero vivir muchos años más, y no me perdonaría perdérmelos por ser obesa. Además quiero hacer cosas sin cansarme, quiero que la ropa normal me quede, quiero dejar de sentirme ahogada y al borde del colapso durante todo el verano. Quiero estar con mis hijos hasta que se cansen de mi, quiero que mi marido me vea rica. Quiero volver a sacarme fotos familiares, quiero desempolvar ropa linda que tenía guardada. Así que me atreví.
Antes de la operación, hablé con harta gente conocida que había optado por lo mismo. En general,  todas las experiencias han sido excelente. Claro que da risa escuchar a algunas personas que te dicen "nooo, la mejor decisión de mi vida!, salvo por el lumbago, la lordosis, la caída del pelo, la acidez, la piel, " y un largo etcetera que da para pensar. Pero claro, el tema no es gratis.
Lo otro es el tema de los pesimistas. Porque SIEMPRE aparece gente que conoce gente que se operó, bajó miles de kilos y a los dos años están igual o peor. Y te lo dicen con cara de "eso mismo te va a pasar a ti", y una pone cara de "naaa, no creo que me pase", y al final son puras caras no más.
Pero la verdad es que la magia no existe. Y eso lo sé nó porque me lo diga el doctor, o la nutricionista o la sicóloga, o la kinesióloga o los operados, o los amigos de los operados. Es por puro sentido común no más.

Confieso que,como muchas otras veces me ha pasado en la vida, tomé la decisión casi inconcientemente.. Osea, fui a un médico par preguntarle detalles de que podía hacer. El médico me dijo cuales eran las alternativas y altiro le dije "ya" y le dimos pa'delante. Creo que en ningún momento me cuestioné si hacerlo o no, o me di vueltas con el tema, ni me desvelé pensando en los pro y los contra. (Me pasó lo mismo con Tunick, le dije que marido que tal vez lo acompañaba esa mañana de junio del 2002 al Parque Forestal para posar en pelotas, y de depente sin darme cuenta figuraba ahí, con un montón de gente, conocida y desconocida)
Tal vez en el único momento en que me cuestioné la decisión, fue ya sentada en la silla de ruedas, con esas batitas ridículas y un gorro de baño en la cabeza, entrando a pabellón. Y fugazmente pensé "cómo es que llegué acá? y si me escapó?". Pero rápidamente entré en razón o en realidad perdí la conciencia, y me desperté ya operada y con cinco parches en la guata.

La recuperación ha sido estupenda. Ya he bajado casi todo el sobrepeso . No tengo ropa pues en un acto de fe, boté todos los pantalones que me quedan grandes. He dejado una o dos poleras, para usarlas de pijama. Solo tengo faldas para ir a trabajar (pero el otro día estaba en un ascensor y de repente se me cayó la falda que tenía puesta.... menos mal que iba sola).
Ando más friolenta que nunca, y ahora casi duermo con pijama con patitas y calientacama al máximo (no lo hago únicamente por respecto al legítimo).
Aún mantengo cabellera abundante, pero siempre con la amenaza latente de que "a los operados se les cae el pelo".
Siempre después de comer me suena la guata. Mucho. Y eso que como como pajarito. De hecho,dejé de servirme en platos grandes, como en plato de pan. Adiós a los tazones de café grande, con suerte me tomo 3/4 de una taza mediana.

Así que acá estoy, de a poco integrando alimentos a mi dieta, comiendo varias veces al día, y sintiéndome cada día mejor.

Claro que da un poquito de lata ser "el centro de la conversación". Porque llegar con 35 kilos menos a cualquier lugar con gente conocida da para miles de comentarios, y consultas, y exclamaciones de sorpresa que al comienzo son  bien estimulantes, pero a la larga aburren un poquito. Pero así no más es. Porque esa es la verdad, poh, yo soy operá'...

lunes, 26 de diciembre de 2011

Comunidad

Resulta que ahora vivo en condominio. En un pequeño condominio de cuatro casa, con un largo pasillo para autos de acceso, de casa pareadas. Bien bonito el lugar.

Hace dos meses llegó la vecina nueva. Al ladito mío. Con casa pareada a la mía. En un comienzo super bien, saludos de cortesía, ofrecimiento de ayuda, sin problema.

Tal vez la primera señal, es que venía con un chihuahua. No soy gran amante de los perros, y en particular de los chihuahuas. Me parecen un tanto histéricos. Y este no escapa a esa regla.  Pero bueno, el perro se llama Ozzy y no nos pareció tan terrible.

Hace una semana, el hijo de la vecina desembaló la batería. Segunda señal. Hay que decir que la vecina es bien rockera (aunque algunas veces se pega con Shakira) y sus hijos andan por ahí. Pero en general no es tanta la batería, y hay que aprender a vivir en comunidad y el cabro igual le pega  bien y toca batería en horario hábil, así que ohhhm.

Pero resulta que hace dos semanas empezó a dejar el auto frente a  mi casa. Que además es el acceso a su estacionamiento.  Y no sé si le parece que es demasiado el esfuerzo para el auto o qué, pero  no lo mete en su estacionamiento, sino 4 metros más atrás, frente a mi casa. Lugar donde juegan los niños, a menos de tres metros de la puerta de entrada de mi casa. Y a mi me parece invasivo. Nos parece invasivo. Entonces el marido mío habló con ella hace cuatro días. Y ella dijo que estaba ocupando su estacionamiento con los arreglos (cierto hasta hace dos semanas) y que si nosotros además dejamos nuestro segundo auto en el pasillo de acceso, era lo mismo que dejar su auto frente a mi casa. No llegaron a mucho, así que dejamos pasar unos días. Pero resulta que dejó todo el fin de semana su auto frente a mi casa, con su patio vacío (y ella casi no salió de su casa) y me empecé a sulfurar. 

Así que hoy me la encontré y le toqué nuevamente el tema. 

Y su actitud fue de las peores, poco más que la molestábamos por todo, me empezó a sacar en cara hasta el corte del seto divisorio, que yo tenía que tocar el tema "de una mejor manera", y miles de argumentos imbéciles que no vale la pena tocar.

Y me dejó tan atravesada la situación. Primero es la angustia de tener esta vecina por muchos años. Luego la sensación de que las posibilidades de razonar con ella ante cualquier nuevo conflicto o situación son nulas. De hecho, ella dejó entrever eso de "tú no te metas conmigo, a mi no me interesa meterme contigo". Nada más alejado a la relación con los otros vecinos.

Porque en definitiva, cuando uno se cambia a una comunidad, tiene que aceptar a los otros. Pero cuando se empiezan a pasar la raya hay que decirlo. Si a mi me molesta que deje el auto frente a mi casa, en un lugar que evidentemente no está destinado para ello, que me invade, por qué habría de tolerarlo? Solo para no causar problemas con la vecina? Porque no la he hueveado por escuchar 5 veces seguidas la misma canción de Shakira a todo chancho, ni cuando su hijo es poseído por el baterista de Metallica, ni cuando su perro/ratón sale a armar escándalo o llora por horas cuando lo deja encerrado en la casa, Pero me molesta que deje el auto ahí.  Y me tengo que aguantar?  Entonces la vecina toma la peor de las reacciones: en vez de decir: OK, lo guardo en mi estacionamiento, o lo dejo en el pasillo de acceso como tú (porque yo no le estoy pidiendo absolutamente nada más que eso) empieza a discutir con los argumentos más inverosímiles, para validar su decisión de estacionarse donde le da la regalada gana, mezclando limones con sandías. Porque si se queja del corte del seto, o de mi "actitud hostil cuando me pediste damascos el otro día" (-"Hola, XXX, me puedes dejar sacar los damascos del suelo de tu patio?" Por favor indique la hostilidad) solo demuestra falta de razonamiento argumentativo. O sea, mear fuera del tiesto.

Sigo enojada.




martes, 4 de octubre de 2011

El tiempo pasa

Triste es darse cuenta que el tiempo pasa y no en vano. En realidad el tema de las arrugas y las canas no me preocupa en lo absoluto. De hecho creo que ambas se pueden llevar con bastante dignidad, así que no tengo problema, yo siempre digna hasta el final.

Pero hay otras cosas que no puedo mirar con tanto optimismo.

Porque no tienen nada de dignos los 50 estornudos por minuto, los ojos enrojecidos y la nariz ídem, producto de las alergias primaverales que, inmisericordemente, me han atacado este año. Y el tema es que cada año es peor. 

Si hago un breve recuento de mi historia alérgena (esa palabra siempre me ha sonado como mal acentuada, pero para qué discutir con la RAE, cierto?) podría decir que tuve una infancia bastante feliz, sin alergias ni asma ni nada de esas cosas que te permitían eximirte de hacer gimnasia por un par de meses al año.

Estuve con muchos gatos, me picaron abejas en innumerables oportunidades, dormí largas siestas directamente sobre el pasto o sobre cualquier alfombra lo suficientemente limpia, me metí a habitaciones llenas de polvo y jamás, JAMÁS tuve alergias. 
Como a los 25, pololo-futuro-marido llegó con un gato de regalo a nuestro hogar. Al comienzo tuvimos una relación distante (con el gato) pero a los días me encariñé con la bestia (nuevamente, estoy hablando del gato). Pero no pasó ni una semana, y el cuerpo reclamó efusivamente y me pasé dos días estornudando ininterrumpidamente, con los ojos hinchados, y sin poder levantarme de la cama. Tuvimos que despedir al gato, que había pasado de Marx a Marxela por nuestra total ignorancia de la anatomía felina, y desde entonces, nada fue como antes. Año tras año, los síntomas (y agentes alérgenos) aumentan. Este año le lleva tos, estornudos, leve deficiencia
respiratoria y afonía. Sumémosleque estos síntomas se repiten con gatos y con polvo. Y que la última vez que me picó una abeja terminé con el brazo del porte de una sandía morada, y en la clínica. 


Sin contar que a los casi 35 años, bajar los kilos de más es infinitamente más difícil que a los 25, la edad ha cobrado otra pequeña víctima: la visión. Yo que hasta los 25 años me jactaba de reconocer el número de recorrido de una micro amarilla a 4 cuadras de distancia, ahora tengo que usar lentes para miopía y astigmatismo. Y sin lentes como que no funciono. O sea, si funciono pero no muy eficientemente. Pero como aún es poco, no califico para operación. Ah, porque yo no le tengo ningún asco al quirófano, pero tampoco se trata de andar botando la plata, pueh. Así que el juego se llama "aguántese no más".

Pucha, el post quejoso.
Pero es que la maldita primavera me tiene así....

lunes, 20 de junio de 2011

Crimen y castigo


Me demoré como dos meses en leerlo.
No hay derecho.


El clásico que me propuse leer este año fue Crimen y Castigo, de don Fiodor Dostoievski. Y si la edición que leí tenía 550 páginas, durante las primeras 500 no hubo caso Recién en las últimas 50 páginas el libro me agarró y lo leí con agrado. Antes, fue como leerse un libre para el colegio y estuve a punto de abandonarlo como 10 veces, mientras miraba la ruma de libros que tengo en mi velador listos para ser leídos. Pero no, fui disciplinada y continué.

Finalmente no me arrepentí, el libro es increíble, pero tengo mis comentarios.


De partida, NADIE puede referirse a un personaje de tres maneras distintas sin avisar antes. Porque si eso además se multiplica por todos los personajes de un libro, tenemos un estadio lleno de gente, cuando en realidad son como 20 pelagatos. Entonces tenemos al protagonista, a quien de cariño le dicen Rodia. Pero el escritor se refiere a él como Raskolnikov, y el personaje se presenta a si mismo como Rodion Romanovic. Si al menos el señor Dostoievski tuviera la delicadeza de partir el libro diciendo que el protagonista se llama Rodion Romanovic Raskolnikov, de cariño Rodia, todo sería taaaaaan más agradable. Y lo mismo pasa con la hermana, que además no es ná' de apellido Romanovic, es Romanovna, porque así son los rusos. Complicados.


Cuando finalmente me di cuenta que el protagonista es uno y no tres, pasamos al tema de los susceptibles y volubles que pueden llegar a ser los rusos. Bueno, puede que en la realidad los rusos no sean así. Además no los conozco a todos. Pero los personajes de este libro son todos sensibles, susceptibles, y volubles. Y no sé si será culpa de la traducción o que al traductor/editor se le quedaron pegados los signos de exclamación en la máquina de escribir, pero da la impresión que hasta para pedir silencio los tipos gritan.


Para rematar, (aquí señor lector, si usté no ha leído el libro y le interesa hacerlo, deténgase y no siga leyendo, no quisiera arruinarle la sorpresa final) termina con un especie de "continuará" o "si quiere saber REALMENTE como termina esta historia, espérese aquí sentado porque aquí no lo va a encontrar", y uno queda con cara de cumpleaños, después de 550 páginas, miles de signos de exclamación, muchos desmayos, vahídos, llantos, cara de tragedia, rostros desfigurados, ataques de histeria, y muchos, muchos nombres.

En fin.

En resumen, el libro es muy bueno. Y eso no es novedad, Crimen y Castigo es una de las obras clásicas de la literatura rusa. Pero que costó, costó.

Ahora, a leer algo bien liviano, que me guste desde la página uno.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Chupamedias

Tengo un chupamedias en mi oficina.

Además, directo subordinado mío. O sea, chupa MIS medias.

Y aunque al comienzo una, en su ingenuidad, le cree las frases del tipo "ha sido muy iluminador trabajar contigo " (¡qué es esa huevada? Iluminador? Que ahora soy la estatua de la libertad acaso?) ya no le creo ni lo que reza. Porque básicamente es para desviar la atención antes su cada vez más evidente falta de competencia.

Y claro, la paciencia de una se va acabando, así que las respuestas de cortesía ante sus fracesitas chupamedias se acabaron. Al grano, por favor.

Pero la conducta chupamedias del individuo en cuestión no se limita a las frases elocuentes, empalagosas y pateras. Noooo, pues, además es un tema de actitud.
Entonces, repasemos alguna de las conductas empelotante:

- que te dé vuelta las hojas de una carpeta para buscar un pie de firma y luego, para rematar, indicar con el dedo donde aparece mi nombre para que yo firme. Eso lo hago yo, gracias, tengo manos y la destreza suficiente para pasar páginas. Además sé leer, fíjese. Es más, eso implica que usté está demasiado cerca mío. Mal y empeorando.
- que te complete las frases. Como tratando de demostrar que nuestros pensamientos están alineados (como el Gato con Botas y Shrek) así que es capaz de saber cómo voy a terminar una frase. No, eso no se hace. Al comienzo va y pasa. Ahora, a la menor interrupción, le lanzo a quemarropa "¿ a ver, me puedes dejar terminar la frase?"
- Que me llene la corchetera de corchetes. Ya, es una tontera, pero salvo que yo le pida que lo haga, es MI corchetera, con MIS corchetes y YO me encargo. Gracias. Ahora retírese.

Pero como este chupamedias es un tipo completo, porque además anda con los niveles de autocrítica bien bajos. Entonces después de cada embarrada, error garrafal, falta de ortografía/redacción, y otros miles de etcéteras, y de mi enojada corrección (porque si hubiera querido ser profesora de castellano, hubiese estudiado pedagofía pues) el tipo me mira con cara de "pff, eso se arregla altiro", pero al segundo comete EL MISMO error. Entonces el "altiro" se convierte en tres o cuatro "altiros". Un agrado, como verán.

Así no más con el personaje. Hasta que se me acabe la paciencia y lo mande a freir monos a la China.