lunes, 1 de septiembre de 2008

A la César lo que es de la César.

Mi ensalada favorita es la César. Esa que lleva lechuga, crutones, queso parmesano y una deliciosa salsa denominada .. salsa César. Una salsa con anchoas, ajo, mostaza, salsa inglesa, alcaparras y otros ingredientes, deleite del paladar. Esa, y no otra es la ensalada Cesar. Y cuando se quiere innovar, se pide una César Pollo (o Chicken César, depende del local), que le lleva, además de los ingredientes ya citados, cuadraditos de pollo cocidos, que según el gusto del chef, tendrá también un poco de sésamo. Eso es optativo. Hay otros lugares que han incluído en su carta la Camarón César, pero eso ya es demasiado.

El asunto es que como es la ensalada que más me gusta, suelo pedirla cuando salgo a comer liviano (claro, si voy al Mestizo, me abstendré de comer lechuga, y probaré unos ravioli rellenos de mechada que me han dicho que son de lujo).

Y aunque las experiencias vividas deberían alentarme para dejar de correr riesgos innecesarios, sigo buscando el lugar donde pueda comerme una buena ensalada César sin gusto a decepción. Porque resulta que en los restaurantes chilenos, la ensalada César es una especie de comodín, con el cual los cocineros echan a volar su imaginación, con pésimos resultados, desnaturalizando la esencia de un plato clásico (cuanta la leyenda que la ensalada César se inventó el año 1924 en México de manera totalmente providencial, para dar alimentos a notables comensales que habían arribado fuera del horario de atención a un restaurante propiedad de un tal Cardini).


Es así como me he encontrado con aberraciones a las que denominan Ensalada César sin pudor alguno.
De partida, en la mayoría de los restaurantes/fuentes de soda u otros establecimientos afines le echan mayonesa en vez de salsa César. Jurando que los comensales chilenos somos demasiado ignorantes como para distinguir entre mostaza y mayonesa, o entre salsa inglesa (o Worcestershire) y salsa de soya, bombardean la lechuga con cantidades indigestas de mayonesa. En una oportunidad, y temiendo lo que se venía, le dije a un mozo que mi ensalada César la quería sin mayonesa. Me miró con cara de sorpresa, y me dijo solemnemente que la ensalada César tenía salsa César, no mayonesa. Ok, le dije yo. Y me trajo mi ensalada César con una salsa que, si no era mayonesa, era lo más parecido a la mayonesa que he visto en mi vida. Puaj.

No son pocos los restaurantes en los que, sin pudor alguno, le echan pimentón a la César. ¡¡¡¡Pimentón!!!! ¿¿Ha visto usté algún vegetal más fuerte de olor y sabor, capaz de bañar con su esencia absolutamente cualquier otro alimento del plato?? A mi me gusta el pimentón, pero en su justa medida y en platos que lo ameriten.

Otros creativos de la cocina le ponen aceitunas. Le da un toque, es cierto, y puede que sea la variación que menos me molesta. Pero es una variación. Y no lo presentan como tal. Sino como "Ensalada César".

Tal vez la desilusión máxima la tuve cuando pedí una César en un restaurante de Providencia. A los minutos aparece el mozo con cara de triunfo y frente a mí instala una fuente con lechuga, crutones, queso parmesano, pollo (no la pedí con pollo, conste), aceitunas, pimentones y tomate en gajos. Y al lado, un pocillo con mayonesa. Horrooooor. Tanta fue la impresión que olvidé el nombre del local.

Ojo, no tengo problemas con la innovación y con las variaciones. Pero hay que avisar pues. Porque nadie que va a un restaurante a comer tallarines a la bolognesa espera que la salsa sea agridulce o que le cambien los tallarines por raviolis con ricotta, pese a lo rico que eso puede ser. Por el momento, creo que la César más rica que he comido.. la preparé yo.

Ah, y no se les ocurra comprar ese aderezo Hellmans que se hace llamar "Salsa Cesar". Es mayonesa.

jueves, 7 de agosto de 2008

Noticias..


Últimamente viendo las noticias he visto cosas que merecen algunos comentarios. Pero yo no ando con una libretita en el bolsillo (como otros) anotando las cosas que se me vienen a la cabeza. Tal vez debería. Porque después cuando me dan ganas de comentarlas, como ahora, se me corre la neurona y quedo en blanco... vamos a ver:

- Respecto a María Música. Había pensado escribir un extenso post sobre esta chiquilla con manía por la limpieza que anda tirando agua por doquier. Sobre la falta de cultura, sobre la total ignorancia que tiene sobre el tema (no tiene idea de qué se trata la LGE) y algún comentario del tipo "hasta dónde vamos a llegar". Pero después decidí que no valía la pena. Es decir. Analicemos. La cabra tiene 14 años. Eso significa que está en 8 básico o 1º medio. Es decir, según muchos, María Música ya tiene toda la capacitación suficiente para ser alcalde. Y me da lata hacer un post sobre eso.

- Mañana parten las Olimpiadas. Y mientras se debate respecto a los niveles de contaminación en Beijing, me pregunto: a los Nóbeles del Comité Mundial, o como sea que se llame, ¿no se les ocurrió antes analizar los factores ambientales? Porque, considerando que en China viven 1300 millones de chinos, y solo en Beijing viven casi 18 millones de personas, no debe ser muy fácil de controlar el material particulado (término que manejamos a la perfección aquellos que vivimos en Santiago). O sea.. saquen la cuenta que si el 5% de la población fuma, pueden haber ahora mismo casi un millón de cigarros prendidos. Sumemos las micros: no podemos decirle a los chinos "1,2 ,3 momia" para que no usen auto o micro. Y las fábricas. ¿Pretenden que la industria textil (que hace hasta banderas chilenas) se paralice por un mes?. Ahora, si los chinos son tan buenos para hacer taaaantas cosas, como eso de construir estadios o desarrollar aceros especiales, etc. etc. y no han solucionado el problema de contaminación en los últimos veinte años, quiere decir que no es muy fácil de hacer, y que el período "interolimpiadas" claramente es insuficiente. Es de esperar que los maratonistas no se pierdan en el camino...

-Estoy hasta las masas que los políticos se anden tirando la pelota respecto a si hay crisis o no. Las noticias, dentro de toooodo lo fome que pueden ser, han dado cabida a las declaraciones que ministro XXX que dice "no hay crisis". Luego viene el presidente de algún partido de derecha y dice: "pero claaaro que hay crisis". Aparece el presidente de la SOFOFA: "noooo, no hay crisis" y el vocero de la UDI: "Si hay crisis, obvio", y luego el presidente del Banco Central: "noooo, si no hay crisis" y el precandidato eterno: "estamos en una crisis, el gobierno debe reconocerlo". Entonces, en un arrebato de originalidad, los noticieros dan cabidad a cuando peatón quiera alegar, y le preguntan: "Señor, usté ¿cree que hay crisis?" y el peatón contesta, por primera vez en su vida ante un micrófono: "pero claro, porque antes me alcanzaba más la plata, ahora no puedo comer arroz". Ajá. Y nadie le explica que eso se llama inflación, y no crisis. Entoooonces, el resto de la gente ve las noticias y entiende que la falta de arroz es signo inequívoco de que hay crisis. Estupendo.

- Me carga que en las noticias les de por "encuestar" a la gente en la calle para que opine. Sinceramente: se trata de dar noticias. Lo que opine la señora Juanita no me ayuda a entender mejor la incidencia del alza del dolar en el precio de la bencina. No es noticia. No es siquiera un aporte. Es tiempo muerto.

- ¿Porqué Constanza Santa María repite constantemente ante cualquier noticia que "nadie se hace responsable"?

- Me pregunto si las bandas de maleantes se pelearan por tener el nombre más original. O se juntarán todos en patota a ver las noticias, para ver cómo le ponen los periodistas. En las últimas semanas hemos tenido a Los Guatones, Los Carra'e Jarro, Las Promotoras y Los Fantasmas. Incluso he llegado a pensar que los periodistas tienen los nombres listos desde antes. Entonces, aparece una banda, los miran y dicen: ya, a ver la lista.. mira, este nombre las pega, Los Picapiedras, levante la mano el que está de acuerdo" y listo.

- Analizando los últimos eventos... creo que por el momento no es buena idea irse a vivir al sur de Chile.


08.08.08
PD: Una noticia que se me quedó en el tintero. El Transantiago. No voy a entrar al fondo del asunto. Simplemente, luego de ver las noticias a nivel mundial, y nacional, encuentro como mucho que la gente prácticamente EXIJA que se mantenga la tarifa. Llevamos más de dos años pagando los mismos $380 y resulta que todo sube. El petróleo, el dólar, hasta los Super8 subieron de precio. Si hasta el metro ha subido, y no he escuchado a nadie que se queje por eso.
Resulta que en el Transantiago uno no paga siquiera el transbordo. Y más encima, con tarifa congelada. Porque la gente (a la que le preguntan en la calle), encuentra que no se puede subir la tarifa. Que "la autoridad no puede hacer eso", que "la plata no nos alcanza", etc. etc. Pues señora, señor, la plata no le alcanza porque el arroz subió. Porque el pan está más caro. Porque la luz, el gas y el agua han tenido alzas sostenidas. No es por culpa del Transantiago.
Mientras tanto los santiaguinos del mundo de Bilz y Pap seguimos convencidos que no tienen ningún derecho a subir la tarifa de los buses, aunque el diesel llegue a luca el litro. Nos pueden subir TOOOODAS las otras cuentas, menos la micro. La micro no se toca. Pfh.

lunes, 21 de julio de 2008

la Huelga


A estas alturas, este blog debería llamarse algo así como "Crónicas del Centro de Santiago". Lo cierto es que en el centro de la capital pasan tantas cosas todos los días, hay tantos personajes y situaciones entretenidas, que imposible no documentarlas de alguna manera. Aunque sea a mi manera. (uh, que sinatrístico sonó eso).


En fin. Hace más de tres semanas que a menos de media cuadra de mi oficina, hay una banco en huelga. Me refiero a una institución financiera, no a un escaño de plaza que haya tomado la determinación de no recibir más gente sentada. El asunto es que esta institución financiera tiene a su personal en pleno en las puertas, con pitos, sirenas, bombos, trompetas de estadio y muuuuucho papel picado, con pancartas y grandes lienzos. Desde hace tres semanas.


Al comienzo el ruido de la sirena me hacía pensar en todo momento de la ocurrencia de un incendio o alguna situación de emergencia en el vencindario. Hoy, ya estamos acostumbrados.

La verdad es que estos tipos se merecen un premio a la perseverancia. Están todos los días, con el mismo ánimo y las mismas energías. Pero en horario bancario. A las 14 hrs. cierran el boliche. Claaaro, si no se trata de trabajar horas extras, no?


Eso sí, tengo la impresión que los personajes de los pisos superiores que tienen que tomar las grandes decisiones, no los han pescado mucho. Tal vez hasta ellos se han acostumbrado al ruido. O les gustan las alfombras de papel picado. Ahora, si ustedes vieran las caras de odio entre los barrenderos municipales....

martes, 8 de julio de 2008

Ascensoristas


Son raza extraña esa. Aparte de ser una raza en extinción, claro. Salvo que uno se meta a edificios en el centro de Santiago, es difícil ver en estos días un ascensorista. Y como yo vivo y trabajo en el centro, soy de las privilegiadas. A estas alturas, es como trabajar en un zoológico con tigres albinos, ¿no?


Me he preguntado si existirá algún gremio que los reúna. Algo así como "Agrupación de Ascensoristas de Santiago Centro" (la AASC), con sede social y todo. Bueno, puede que haya existido en algún momento. Ahora con tan pocos miembros, podrían hacer sus reuniones en un ascensor.


En el edificio que trabajo, hay ascensoristas. No uno. Dos. Ambos con su correspondiente sillita, claro está. Hay uno que se viste especialmente para la ocasión. Impecable terno negro de cuatro botones, corbata anaranajada, y camisa blanca. Como para matrimonio. Claro que se le va a las pailas la elegancia cuando se pone a matutear y aparece con un pote de miel, que deja sobre su sillita, con un cartel de "$2.500 el kilo". El otro ascensorista es de los antiguos. De esos que usan cotona azul, y en invierno, un gorro. Su mayor fuente de conexión con la realidad son los diarios gratuitos que reparten en el Metro, y que los oficinistas generosos les dejan en las mañanas. Algunas incluso, les pasan Las Últimas Noticias, así que saben de farándula y noticias nacionales. Además son expertos en puzzles. Menos mal que nadie les ha llevado El Mercurio, porque ahí sí que no cabemos.


Hace un tiempo estuve en otro ascensor, antiguo, que incluso tenía un cartel en bronce al interior que decía "Se ruega a los caballeros sacarse el sombrero". Tal vez lo más llamativo de todo es que el ascensor era ínfimo, muy estrecho. Con suerte cabían cuatro personas. Y el ascensorista.


Recuerdo un ascensorista que trabajaba en los Juzgados del Crimen en Avenida España. Era un edificio de 5 pisos, y el ascensor era bastante dudoso. Pero más dudoso era el ascensorita: un viejo sentado en una silla de fierro, con un gran cojín, y que estaba todo el día limpiándose las manos con un huaipe. Tal cual.


Lo que más me llama la atención de esto es que, actualmente, todos los ascensores son con botones. No tienen ya una manivela que había que operar con extrema destreza para que el ascensor parara justo en un piso y no quedara la máquina a mitad de camino. Ya casi no quedan ascensores con reja exterior (el edificio de los Juzgados Laborales de Compañía vendría siendo de los últimos), y aun así no se necesita un curso de perfeccionamiento para abrirla. A pesar de que los ascensores en los cuales aún hay ascensoristas son usualmente antiguos, tengo la impresión de que los individuos en cuestión no tienen cursos de primeros auxilios, y serían absolutamente incapaces de atender un parto de urgencia en caso que una embarazada quede atrapada (junto con el ascensorista) en un elevador. Tampoco es que anden con una cajita de herramientas como para arreglar algún desperfecto en el camino. No, ellos solo aprietan botones. Y dan información respecto de los ocupantes del edificio. Claro, en ese sentido, son un excelente correo de las brujas. Entonces... ¿por qué siguen habiendo ascensoristas?

Tal vez es un dejo de nostalgia que nos queda.

lunes, 2 de junio de 2008

Pozo inagotable de mediocridad


Alumnos universitarios, en una clase universitaria, con un profesor universitario, quien para no repetir lo que ya ha señalado y enseñado tantas veces dice: "Esto no lo explicaré porque es de perogrullo".
"Disculpe", le interrumpe un alumno, "¿me repite el autor?".

martes, 27 de mayo de 2008

El Facebook y yo.

Hace ya meses que todo el mundo habla del Facebook. La nueva forma de socialbilizar. La nueva red de contactos, la más amplia, sin filtro... puedes ubicar a todo el mundo y todos te pueden ubicar a tí. Uuuh.
Al comienzo pensé que era como los After Office del Santa Lucía, que tuvieron su momento de gloria y que lograron que los Happy Hours de los pubs pirulos pasen a llamarse After Office, pese que ya nadie quiere ir al Santa Lucía porque se llena de "picantes". Pero no, esta moda es más persistente. No es una moda. Es el futuro...

Y todos, TODOS (eso significa un 100%) hacen mención a esa maravillosa posibilidad que da la tecnología de reencontrarte con gente que hace mil años no ves. Y entonces se crean japiagüers (o afteroffice) de reencuentro con esa gente y se ponen al día con todas las cosas que les han pasado durante el tiempo que no se han visto, ya que no existía Facebook. Claro, porque sin Facebook, uno NUNCA MÁS habría visto a esas personas.

Yo soy de las que me niego. Y puede resultar una contradicción, ya que tengo tres blogs, estoy TODO el día en el computador, tengo muchas direcciones de correo, a veces compro por internet, mando las invitaciones para mi cumpleaños por mail, veo las fotos en una pantalla de computador, y me culturizo con LUN.com. Así que bajo esa perspectiva, debería estar en Facebook, y ya debería tener varios foros o grupos o como sea que se llamen, hacer encuestas interactivas, y ampliar mi red de contactos a través de un par de clicks.

Pero resulta que no.

Y no lo he hecho de manera totalmente consciente. Y mi único argumento es que.. ya es muuuuusho. Ya me resulta suficiente con esto de estar totalmente ubicables a través del celular y del mail (y eso que no tengo blackberry). Ya tengo demasiadas distracciones como para sumar otra más a mis jornadas "laborales". Tengo la certeza de que si alguien de verdad me quiere ubicar, lo hará por algún medio.

Y por el momento no me interesa tener una red de contacto de miles de personas con las que, por alguna razón, perdí contacto hace tiempo. Porque por alguna razón, uno dejó de ver a esas personas, y les aseguro que no fue producto de un cataclismo que dividió el mundo en dos y que dejó a una parte totalmente desconectada de la otra. Fue porque forma parte del proceso natural de la especie. Evolución le llaman algunos. Otros le llaman maduración. Póngale en nombre que quiera.

Tal vez el Facebook es la manera aséptica de mantener relaciones de amistad de aquí en adelante. Para aquellas personas que odian salir de sus casas, o que no le gustan las multitudes, es una vía muy agradable de sociabilizar. O que no tienen tiempo para juntarse a tomar un café. Y si me dedicara a vender enciclopedias, sin duda sería una excelente manera de ofrecer el producto. Pero como que no me animo aún.

Puede que esta declaración de principios resulte retrógrada, porque no estar en Facebook está tan demodé como no tener celular o mail. Porque.. alguien ha visto la cara de asco que puede poner alguien ante la respuesta "es que no tengo mail"??


Tal vez si alguien me dijera una utilidad real del asuntito ese. Y que no sea simplemente andar buscando gente conocida o "mira, tengo a un amigo que tiene un primo que es compañero de universidad de una sobrina de Piñera". O andar haciendo encuestas del tipo "qué clase de Geminis eres?" o "unete al Foro de Chile sin peste bubónica". Porque si es por sociabilizar, me basta con mi lista de MSN.

También es posible que la próxima semana me meta a Fcebook, o puede que nunca lo haga. Voto por lo último. Pero eso de escupir al suelo no me tinca. Si no, preguntenme por mi "plan de trabajo"...

lunes, 5 de mayo de 2008

El vendedor charlatán

El pasar y pasear en el centro de Santiago todos los días es fuente de inagotables temas para escribir. Y así como he hablado de las palomas, de los mimos, del ruido (uf, que autoreferrente!!) hoy le toca a los charlatanes.

Ubíquese amable lector, en Alameda, entre Ahumada y San Antonio, un día de invierno (si es de otoño y hace frío, le sirve igual) y con un hambre caballa. De esa que baja a medio día de manera violenta y casi letal. E imagínese que entre el mar humano aparece una mesita, sencilla, con mantel rojo a cuadritos, y con una olla llena de aceite, bajo la cual arde el fuego de una artesanal cocina. Al lado de la olla, un lindo plato, en el cual yace una docena de sabrosos picarones (que no son más que la versión criolla de las donuts, pero sin relleno), espolvoreadas sutilmente con azúcar flor. Y cuando uno se acerca amablemente al caballero que está tras la mesa, para adquirir tan suculento manjar, se da cuenta que lo que vende el tipo es... la herramienta para hacer picarones. Oh decepción. A esas alturas, uno no se atreve siquiera a comprar los picarones, porque el hecho que venda la herramienta no nos garantiza que se sepa la receta, y fácilmente pueden estar hechos a base de cualquier porquería. Así que filo con los picarones.

Los vendedores charlatanes, que por lo general venden productos de cocina, son unos espectáculos en vivo, más reales y cercanos que los llame ya. Y lo más importante, no estoy pagando por verlos (porque, si no se han dado cuenta, nosotros pagamos para ver programas Llame ya, salvo que vea los de Falabella TV que dan en UCV). Los charlatanes no necesitan de un locutor que les haga la presentación al lado. No, ellos mismos se presentan, hacen las demostraciones y no necesitan de ninguna Angélica Catro o Paola Falcones que le ande haciendo preguntas obvias al lado. Aunque dado el perfil de los charlatanes, podrían tener una Luli o Blanquita Nieves haciéndoles las coreografías.

La gracia de los charlatanes es que lo hacen todo. Y son capaces de hablar sin respiro sobre las bondades de un pelador, mientras pelan una zanahoria, una papa, una manzana y luego, sin más, se pasan a picar un repollo, para demostrar que es una herramienta multiuso. Yo no sé cuanta plata gastarán en la feria estos tipos, pero en una mañana pelan y cortan como 10 kilos de frutas y verduras. Me imagino que llegan a la casa en la noche con dos sacos de papas peladas y la señora se ve obligada a hacer puré, y al día siguiente manzanas cocidas, etc. etc.

De hecho, yo creo que si no les va bien en el rubro "comercio", deberían irse a trabajar de ayudantes de cocina.


El otro charlatán famoso es el que saca una regla con unos hoyitos estratégicamente ubicados y que, con un lápiz pasta insertado en uno de los hoyitos, se pone a dibujar circulos eternamente, hasta lograr un dibujo geométrico de colores, muy llamativo pero esencialmente inutil. Porque una regla sirve para medir, un compás para hacer circunferencias, un transportador para calcular ángulos.. pero una regla de ésas solo sirva para llevársela al regalón de la casa para que se divierta gastando todos los lápices que encuentre en una actividad que además, debido a la simpleza de la misma, son capaces de hacer mientras ven tele.
Por último, también dentro de la categoría, pero más lejano, están las chiquillas que se ponen con una mesita y un cartelito que dice "Limpie sus lentes gratis", y que según he visto, aplican una pomadita del tipo mentolátum a los lentes, que los deja inmaculados. Nunca lo he hecho, pese a que mis lentes suelen estar tan sucios que veo menos que sin ellos. Pero es que sé que todo es una estrategia para que yo finalmente compre la mentada pomadita. Y me niego. Aunque puede que sea la solución a mis problemas de vista.
Mi propuesta primera, al empezar este post, era que alguien probara los picarones que hacen los charlatanes, a ver si son tan ricos como se ven. Pero mejor propongo escuchar a los charlatanes. Es entretenido, y algo se puede aprender. Por último, a pelar papas.