viernes, 17 de octubre de 2008

De compras


Ya ha quedado dicho en este espacio que mis compras suelen ser en el centro de Santiago, por una razón obvia. Vivo y trabajo ahí. Entonces, entre llegar a la casa, tomar el auto, aguantarme una hora de taco para llegar a un centro comercial con la incertidumbre si encontraré o no lo que busco, y caminar cuatro cuadras para llegar a miles de locales comerciales que venden exactamente lo que necesito, no hay donde perderse.

Tal vez el único inconveniente, o gran diferencia, es el trato.


Si uno va a un centro comercial y entra a una de las... digamos dos tiendas de telas, por ejemplo, y pide "tela para pantalón", el o la dependiente pasa primero a explicar los diferentes tipos de telas, las propiedades de cada uno, y luego muestra los colores, para que tome una decisión informada.

En el centro, uno se va a una calle donde están tooodos los locales que venden telas, entra a uno cualquiera y pregunta por "tela para pantalón" y te tiran altiro la caballería: "¿casimir, lanilla o linette"? Y ahí queda uno. Con cara de poker (me encanta esa expresión), preguntándose de qué estará hablando la vendedora. "Ehm.. no.. o sea.. no sé, tela para pantalón de trabajo....", responde una humilde. Y ahí entonces la vendedora pone cara de profesora sin vocación, pega un soplido que le levanta la chasquilla y pasa a explicar. Hasta acá, no hemos visto la tela, ojo. Luego del breve resumen, tipo Trutruca, uno opta: " ... ah, casimir" Y la vendedora pasa a mostrarte recién entonces los rollos de tela que ha tenido todo el rato al lado, pero que tú no tenías idea de que era la tela. "Ajá.. mhmh, no, yo quiero algo mas delgado", "Aaaaaah, entonces lo que usté quiere es linette". Nueva cara de perro. Será.

Bueno, así se compra en el centro.
Los vendedores de esa zona parten de la base que uno sabe a lo que va. Que no requiere explicación alguna. Pésima técnica.

Fui a comprar hace unas semanas insumos para bordar. Y necesitaba una tela específica. Primero local: "Necesito una tela para bordar, que sea blanca, suavecita, etc. etc." Vendedora: "¿Esterilla o aída?" "Ehm..." -nueva cara de poker- "no sé, cuál es la diferencia?". "Que una es más tupida que la otra". "Ajáaaa.... y me las podrías mostrar?" A regañadientes me las mostró. Las diferencias eran mucho más que la que señaló la vendedora. Y al final compré aída.

Hoy fui al pasaje de las joyerías a buscar aritos para ñiñita. A cada joyería que entré preguntando para "aritos para guagua" se venía la pregunta lógica: ¿Abridores? ¿?¿?¿? "Mmhm... no, aritos". Vendedora con cara de profe: "Ya, si sé que aritos, pero.. aros abridores?" Ya, resulta que hay aritos para recién nacidas (algo así como Doble 0) que se usan para abrir los hoyitos de la oreja y aritos para ñiñitas "no recién nacidas", de lo cual no tenía la más remota idea. Ahora lo sé.

Otro día en Rosas: "Buenas tardes, busco cinta de algodón". "¿Espiga?" "Ehm....". Se imaginarán la cantidad de "ehm..." por los que he pasado.

Partí a Independencia para mandar a hacer unas cortinas. "Buenassss, necesito cotizar una store en blackout?" (n.del r.: cortinas que se abren y cierran verticalmente en tela que no deja pasar el sol y dan oscuridad absoluta a la habitación). La vendedora altiro atacó: "¿Americano?" Ya, resulta que hay un blackout americano que tiene ciertas características especiales y luego está el otro blackout de origen desconocido. Pero uno no tiene por qué saber de toooodos los adelantos en la industria textil, cierto?.

Entonces, para comprar en el centro hay que ir dispuesta a ver malas caras, a aprender a la fuerza y tiene que ejercitar la paciencia. Porque, a la larga, es conveniente. Salvo que se sufra de colon irritable. En ese caso, mejor vaya al centro comercial. Y pasa por el Mocca y se come un jamón palta con un juguito de frambuesa.

jueves, 2 de octubre de 2008

Elecciones


En plena campaña municipal, imposible no escribir algo, cierto?
Vivo en una comuna en la que hace meses ya, de manera un tanto solapada, los dos más importantes candidatos a alcalde habían instalado sus hipermega gigantografías, con una sola letra. Los originales, los llaman.
Reconozco que cuando vi la Z la primera vez, lo último pensé era que se podía tratar de un candidato UDI,y Legionario de Cristo más encima... o sea, NADA más alejado de mi imagen personal de El Zorro (ojalá en versión Antonio Banderas). Luego apareció la R, pero envuelta en un circulito.. como la @rrob@, con la frase "que vuelva". En mi ignorancia pensé; bah, quieren que CTC Reuna vuelva!! (quien se acuerda del logo?) Pero no, era pura campaña municipal. Maldición.
A pesar de que a ninguno de los candidatos se le ha ocurrido la brillante idea de revivir esa tremeda hiper gigantografía que instaló Longueira en Plaza Italia (será una manifestación del ego?) eso de andar viendo letras en todas partes, es una verdadera lata.
Hoy apareció una carta de Ricardo Israel en un diario de circulación nacional. Porque, para los que no lo saben, Ricardo Israel (el cientista político, no el pelotudo) también es candidato por la Alcaldía de Santiago. Independiente, claro. Y el pobre ha dejado los zapatos en la calle haciendo puerta a puerta, conversando con la gente, bla bla bla, y preocupándose de no ensuciar la ciudad con papeles, papelitos y papelones. Toda la razón. Porque resulta que después, los que pagamos para limpiar la ciudad de toda esa basura, somos nosotros.
El problema es que con ese tipo de promoción, pasa inadevertido. Y el riesgo es que muchos santiaguinos concurran a las urnas y al ver la papeleta se pregunten ¿así que el comentarista ese colorína va a candidato? Y ahí, de seguro que saca pocos votos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

A la César lo que es de la César.

Mi ensalada favorita es la César. Esa que lleva lechuga, crutones, queso parmesano y una deliciosa salsa denominada .. salsa César. Una salsa con anchoas, ajo, mostaza, salsa inglesa, alcaparras y otros ingredientes, deleite del paladar. Esa, y no otra es la ensalada Cesar. Y cuando se quiere innovar, se pide una César Pollo (o Chicken César, depende del local), que le lleva, además de los ingredientes ya citados, cuadraditos de pollo cocidos, que según el gusto del chef, tendrá también un poco de sésamo. Eso es optativo. Hay otros lugares que han incluído en su carta la Camarón César, pero eso ya es demasiado.

El asunto es que como es la ensalada que más me gusta, suelo pedirla cuando salgo a comer liviano (claro, si voy al Mestizo, me abstendré de comer lechuga, y probaré unos ravioli rellenos de mechada que me han dicho que son de lujo).

Y aunque las experiencias vividas deberían alentarme para dejar de correr riesgos innecesarios, sigo buscando el lugar donde pueda comerme una buena ensalada César sin gusto a decepción. Porque resulta que en los restaurantes chilenos, la ensalada César es una especie de comodín, con el cual los cocineros echan a volar su imaginación, con pésimos resultados, desnaturalizando la esencia de un plato clásico (cuanta la leyenda que la ensalada César se inventó el año 1924 en México de manera totalmente providencial, para dar alimentos a notables comensales que habían arribado fuera del horario de atención a un restaurante propiedad de un tal Cardini).


Es así como me he encontrado con aberraciones a las que denominan Ensalada César sin pudor alguno.
De partida, en la mayoría de los restaurantes/fuentes de soda u otros establecimientos afines le echan mayonesa en vez de salsa César. Jurando que los comensales chilenos somos demasiado ignorantes como para distinguir entre mostaza y mayonesa, o entre salsa inglesa (o Worcestershire) y salsa de soya, bombardean la lechuga con cantidades indigestas de mayonesa. En una oportunidad, y temiendo lo que se venía, le dije a un mozo que mi ensalada César la quería sin mayonesa. Me miró con cara de sorpresa, y me dijo solemnemente que la ensalada César tenía salsa César, no mayonesa. Ok, le dije yo. Y me trajo mi ensalada César con una salsa que, si no era mayonesa, era lo más parecido a la mayonesa que he visto en mi vida. Puaj.

No son pocos los restaurantes en los que, sin pudor alguno, le echan pimentón a la César. ¡¡¡¡Pimentón!!!! ¿¿Ha visto usté algún vegetal más fuerte de olor y sabor, capaz de bañar con su esencia absolutamente cualquier otro alimento del plato?? A mi me gusta el pimentón, pero en su justa medida y en platos que lo ameriten.

Otros creativos de la cocina le ponen aceitunas. Le da un toque, es cierto, y puede que sea la variación que menos me molesta. Pero es una variación. Y no lo presentan como tal. Sino como "Ensalada César".

Tal vez la desilusión máxima la tuve cuando pedí una César en un restaurante de Providencia. A los minutos aparece el mozo con cara de triunfo y frente a mí instala una fuente con lechuga, crutones, queso parmesano, pollo (no la pedí con pollo, conste), aceitunas, pimentones y tomate en gajos. Y al lado, un pocillo con mayonesa. Horrooooor. Tanta fue la impresión que olvidé el nombre del local.

Ojo, no tengo problemas con la innovación y con las variaciones. Pero hay que avisar pues. Porque nadie que va a un restaurante a comer tallarines a la bolognesa espera que la salsa sea agridulce o que le cambien los tallarines por raviolis con ricotta, pese a lo rico que eso puede ser. Por el momento, creo que la César más rica que he comido.. la preparé yo.

Ah, y no se les ocurra comprar ese aderezo Hellmans que se hace llamar "Salsa Cesar". Es mayonesa.

jueves, 7 de agosto de 2008

Noticias..


Últimamente viendo las noticias he visto cosas que merecen algunos comentarios. Pero yo no ando con una libretita en el bolsillo (como otros) anotando las cosas que se me vienen a la cabeza. Tal vez debería. Porque después cuando me dan ganas de comentarlas, como ahora, se me corre la neurona y quedo en blanco... vamos a ver:

- Respecto a María Música. Había pensado escribir un extenso post sobre esta chiquilla con manía por la limpieza que anda tirando agua por doquier. Sobre la falta de cultura, sobre la total ignorancia que tiene sobre el tema (no tiene idea de qué se trata la LGE) y algún comentario del tipo "hasta dónde vamos a llegar". Pero después decidí que no valía la pena. Es decir. Analicemos. La cabra tiene 14 años. Eso significa que está en 8 básico o 1º medio. Es decir, según muchos, María Música ya tiene toda la capacitación suficiente para ser alcalde. Y me da lata hacer un post sobre eso.

- Mañana parten las Olimpiadas. Y mientras se debate respecto a los niveles de contaminación en Beijing, me pregunto: a los Nóbeles del Comité Mundial, o como sea que se llame, ¿no se les ocurrió antes analizar los factores ambientales? Porque, considerando que en China viven 1300 millones de chinos, y solo en Beijing viven casi 18 millones de personas, no debe ser muy fácil de controlar el material particulado (término que manejamos a la perfección aquellos que vivimos en Santiago). O sea.. saquen la cuenta que si el 5% de la población fuma, pueden haber ahora mismo casi un millón de cigarros prendidos. Sumemos las micros: no podemos decirle a los chinos "1,2 ,3 momia" para que no usen auto o micro. Y las fábricas. ¿Pretenden que la industria textil (que hace hasta banderas chilenas) se paralice por un mes?. Ahora, si los chinos son tan buenos para hacer taaaantas cosas, como eso de construir estadios o desarrollar aceros especiales, etc. etc. y no han solucionado el problema de contaminación en los últimos veinte años, quiere decir que no es muy fácil de hacer, y que el período "interolimpiadas" claramente es insuficiente. Es de esperar que los maratonistas no se pierdan en el camino...

-Estoy hasta las masas que los políticos se anden tirando la pelota respecto a si hay crisis o no. Las noticias, dentro de toooodo lo fome que pueden ser, han dado cabida a las declaraciones que ministro XXX que dice "no hay crisis". Luego viene el presidente de algún partido de derecha y dice: "pero claaaro que hay crisis". Aparece el presidente de la SOFOFA: "noooo, no hay crisis" y el vocero de la UDI: "Si hay crisis, obvio", y luego el presidente del Banco Central: "noooo, si no hay crisis" y el precandidato eterno: "estamos en una crisis, el gobierno debe reconocerlo". Entonces, en un arrebato de originalidad, los noticieros dan cabidad a cuando peatón quiera alegar, y le preguntan: "Señor, usté ¿cree que hay crisis?" y el peatón contesta, por primera vez en su vida ante un micrófono: "pero claro, porque antes me alcanzaba más la plata, ahora no puedo comer arroz". Ajá. Y nadie le explica que eso se llama inflación, y no crisis. Entoooonces, el resto de la gente ve las noticias y entiende que la falta de arroz es signo inequívoco de que hay crisis. Estupendo.

- Me carga que en las noticias les de por "encuestar" a la gente en la calle para que opine. Sinceramente: se trata de dar noticias. Lo que opine la señora Juanita no me ayuda a entender mejor la incidencia del alza del dolar en el precio de la bencina. No es noticia. No es siquiera un aporte. Es tiempo muerto.

- ¿Porqué Constanza Santa María repite constantemente ante cualquier noticia que "nadie se hace responsable"?

- Me pregunto si las bandas de maleantes se pelearan por tener el nombre más original. O se juntarán todos en patota a ver las noticias, para ver cómo le ponen los periodistas. En las últimas semanas hemos tenido a Los Guatones, Los Carra'e Jarro, Las Promotoras y Los Fantasmas. Incluso he llegado a pensar que los periodistas tienen los nombres listos desde antes. Entonces, aparece una banda, los miran y dicen: ya, a ver la lista.. mira, este nombre las pega, Los Picapiedras, levante la mano el que está de acuerdo" y listo.

- Analizando los últimos eventos... creo que por el momento no es buena idea irse a vivir al sur de Chile.


08.08.08
PD: Una noticia que se me quedó en el tintero. El Transantiago. No voy a entrar al fondo del asunto. Simplemente, luego de ver las noticias a nivel mundial, y nacional, encuentro como mucho que la gente prácticamente EXIJA que se mantenga la tarifa. Llevamos más de dos años pagando los mismos $380 y resulta que todo sube. El petróleo, el dólar, hasta los Super8 subieron de precio. Si hasta el metro ha subido, y no he escuchado a nadie que se queje por eso.
Resulta que en el Transantiago uno no paga siquiera el transbordo. Y más encima, con tarifa congelada. Porque la gente (a la que le preguntan en la calle), encuentra que no se puede subir la tarifa. Que "la autoridad no puede hacer eso", que "la plata no nos alcanza", etc. etc. Pues señora, señor, la plata no le alcanza porque el arroz subió. Porque el pan está más caro. Porque la luz, el gas y el agua han tenido alzas sostenidas. No es por culpa del Transantiago.
Mientras tanto los santiaguinos del mundo de Bilz y Pap seguimos convencidos que no tienen ningún derecho a subir la tarifa de los buses, aunque el diesel llegue a luca el litro. Nos pueden subir TOOOODAS las otras cuentas, menos la micro. La micro no se toca. Pfh.

lunes, 21 de julio de 2008

la Huelga


A estas alturas, este blog debería llamarse algo así como "Crónicas del Centro de Santiago". Lo cierto es que en el centro de la capital pasan tantas cosas todos los días, hay tantos personajes y situaciones entretenidas, que imposible no documentarlas de alguna manera. Aunque sea a mi manera. (uh, que sinatrístico sonó eso).


En fin. Hace más de tres semanas que a menos de media cuadra de mi oficina, hay una banco en huelga. Me refiero a una institución financiera, no a un escaño de plaza que haya tomado la determinación de no recibir más gente sentada. El asunto es que esta institución financiera tiene a su personal en pleno en las puertas, con pitos, sirenas, bombos, trompetas de estadio y muuuuucho papel picado, con pancartas y grandes lienzos. Desde hace tres semanas.


Al comienzo el ruido de la sirena me hacía pensar en todo momento de la ocurrencia de un incendio o alguna situación de emergencia en el vencindario. Hoy, ya estamos acostumbrados.

La verdad es que estos tipos se merecen un premio a la perseverancia. Están todos los días, con el mismo ánimo y las mismas energías. Pero en horario bancario. A las 14 hrs. cierran el boliche. Claaaro, si no se trata de trabajar horas extras, no?


Eso sí, tengo la impresión que los personajes de los pisos superiores que tienen que tomar las grandes decisiones, no los han pescado mucho. Tal vez hasta ellos se han acostumbrado al ruido. O les gustan las alfombras de papel picado. Ahora, si ustedes vieran las caras de odio entre los barrenderos municipales....

martes, 8 de julio de 2008

Ascensoristas


Son raza extraña esa. Aparte de ser una raza en extinción, claro. Salvo que uno se meta a edificios en el centro de Santiago, es difícil ver en estos días un ascensorista. Y como yo vivo y trabajo en el centro, soy de las privilegiadas. A estas alturas, es como trabajar en un zoológico con tigres albinos, ¿no?


Me he preguntado si existirá algún gremio que los reúna. Algo así como "Agrupación de Ascensoristas de Santiago Centro" (la AASC), con sede social y todo. Bueno, puede que haya existido en algún momento. Ahora con tan pocos miembros, podrían hacer sus reuniones en un ascensor.


En el edificio que trabajo, hay ascensoristas. No uno. Dos. Ambos con su correspondiente sillita, claro está. Hay uno que se viste especialmente para la ocasión. Impecable terno negro de cuatro botones, corbata anaranajada, y camisa blanca. Como para matrimonio. Claro que se le va a las pailas la elegancia cuando se pone a matutear y aparece con un pote de miel, que deja sobre su sillita, con un cartel de "$2.500 el kilo". El otro ascensorista es de los antiguos. De esos que usan cotona azul, y en invierno, un gorro. Su mayor fuente de conexión con la realidad son los diarios gratuitos que reparten en el Metro, y que los oficinistas generosos les dejan en las mañanas. Algunas incluso, les pasan Las Últimas Noticias, así que saben de farándula y noticias nacionales. Además son expertos en puzzles. Menos mal que nadie les ha llevado El Mercurio, porque ahí sí que no cabemos.


Hace un tiempo estuve en otro ascensor, antiguo, que incluso tenía un cartel en bronce al interior que decía "Se ruega a los caballeros sacarse el sombrero". Tal vez lo más llamativo de todo es que el ascensor era ínfimo, muy estrecho. Con suerte cabían cuatro personas. Y el ascensorista.


Recuerdo un ascensorista que trabajaba en los Juzgados del Crimen en Avenida España. Era un edificio de 5 pisos, y el ascensor era bastante dudoso. Pero más dudoso era el ascensorita: un viejo sentado en una silla de fierro, con un gran cojín, y que estaba todo el día limpiándose las manos con un huaipe. Tal cual.


Lo que más me llama la atención de esto es que, actualmente, todos los ascensores son con botones. No tienen ya una manivela que había que operar con extrema destreza para que el ascensor parara justo en un piso y no quedara la máquina a mitad de camino. Ya casi no quedan ascensores con reja exterior (el edificio de los Juzgados Laborales de Compañía vendría siendo de los últimos), y aun así no se necesita un curso de perfeccionamiento para abrirla. A pesar de que los ascensores en los cuales aún hay ascensoristas son usualmente antiguos, tengo la impresión de que los individuos en cuestión no tienen cursos de primeros auxilios, y serían absolutamente incapaces de atender un parto de urgencia en caso que una embarazada quede atrapada (junto con el ascensorista) en un elevador. Tampoco es que anden con una cajita de herramientas como para arreglar algún desperfecto en el camino. No, ellos solo aprietan botones. Y dan información respecto de los ocupantes del edificio. Claro, en ese sentido, son un excelente correo de las brujas. Entonces... ¿por qué siguen habiendo ascensoristas?

Tal vez es un dejo de nostalgia que nos queda.

lunes, 2 de junio de 2008

Pozo inagotable de mediocridad


Alumnos universitarios, en una clase universitaria, con un profesor universitario, quien para no repetir lo que ya ha señalado y enseñado tantas veces dice: "Esto no lo explicaré porque es de perogrullo".
"Disculpe", le interrumpe un alumno, "¿me repite el autor?".